Lectura: Éxodo 13:17-22
Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio - Eclesiastés 8:6
Desde al menos el 2005, la iglesia del pastor Audley Black, ubicada cerca de la costa sur de Jamaica, ha estado desarrollando un proyecto de construcción. Ese año visité por primera vez su iglesia y vi cómo estaban creciendo. La última vez que estuve allí, en la primavera del 2011, algunas de las paredes ya estaban levantadas. Para el verano, habían empezado a colocar el techo. Cuando le sugerí al pastor Black que quizá la iglesia estaría terminada para el 2013, cuando yo tenia pensado volve allí, dijo que era posible.
¡No hubo ni el más mínimo indicio de desilución al pensar que el proyecto podría llevar ocho años más! No, el pastor Black y su gente estaban entusiasmados con lo que Dios estaba haciendo y tenían paciencia en cuanto al tiempo del Señor.
A menudo, nosotros no tenemos esa paciencia. Queremos que nuestra iglesia crezca rápidamente, que los jóvenes maduren de inmediato y que nuestros problemas se resuelvan hoy.
Quizá nos haga falta recordar que algunas cosas llevan tiempo: el tiempo de Dios. Por ejemplo, cuando los israelitas salieron de Egipto, el Señor los mandó a la tierra prometida por la ruta más larga (Éxodo 13:17-18). Mientras tanto, los preparó, les enseñó y los desafió.
En nuestro acelerado mundo, queremos que todo se haga inmediatamente. Pero, a veces, el plan de Dios es distinto. Busquemos la ayuda del Señor y aprendamos a aceptar su tiempo.
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El cronograma de Dios quizá avance lentamente, pero no se detiene nunca.
29 de mayo de 2012
16 de diciembre de 2011
Actividad - Ministerio del Cereso
El día de ayer se congregaron varios jóvenes para apoyar a las hermanas en la gran tarea de elaborar 600 tamales, los cuales se estarán repartiendo este Sábado con la comunidad cristiana en el reclusorio.
15 de noviembre de 2011
Nuestra mejor defensa
Lectura: Juan 9:13-25
... Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo sido yo ciego, ahora veo. - Juan 9:25
El destino había querido que compartiéramos el asiento en un viaje de ocho horas en tren. Un ex-embajador de los Estados Unidos y yo tuvimos un enfrentamiento rápidamente cuando él suspiró al ver que yo sacaba mi Biblia.
Reaccioné tal como él esperaba. Al principio, intercambiamos algunas frases breves para acosarnos mutuamente o para ganar terreno. Sin embargo, en forma gradual, detalles de nuestras respectivas historias de vida se incorporaron en la conversación. La curiosidad hizo que brotara lo mejor de nosotros y terminamos haciéndonos preguntas en vez de peleárnos. Con un título universitario en ciencias políticas y una adicción por la política como pasatiempo, me intrigó su carrera, que incluía dos notorios periodos como embajador.
Lo más extraño fué que sus preguntas eran sobre mi fe. Lo que más le interesaba era saber cómo me había convertido en "creyente". El viaje en tren terminó amigablemente, e incluso intercambiamos nuestras tarjetas profesionales. Mientras se iba, se dió la vuelta y dijo: "A propósito, la mejor parte de su argumento no es lo que piensa que Jesús puede hacer por mí, sino lo que Él ha hecho por usted".
En Juan 9, tal como sucedió en aquel tren, Dios nos recuerda que la mejor historia es la que conocemos íntimamente: nuestro propio encuentro con Jesucristo. Intenta contarles la historia de tu fe a seres queridos y amigos, para que puedas compartírsela claramente a otras personas.
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Las personas se enteran de las verdaderas historias de la fe cuando las oyen.
... Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo sido yo ciego, ahora veo. - Juan 9:25
El destino había querido que compartiéramos el asiento en un viaje de ocho horas en tren. Un ex-embajador de los Estados Unidos y yo tuvimos un enfrentamiento rápidamente cuando él suspiró al ver que yo sacaba mi Biblia.
Reaccioné tal como él esperaba. Al principio, intercambiamos algunas frases breves para acosarnos mutuamente o para ganar terreno. Sin embargo, en forma gradual, detalles de nuestras respectivas historias de vida se incorporaron en la conversación. La curiosidad hizo que brotara lo mejor de nosotros y terminamos haciéndonos preguntas en vez de peleárnos. Con un título universitario en ciencias políticas y una adicción por la política como pasatiempo, me intrigó su carrera, que incluía dos notorios periodos como embajador.
Lo más extraño fué que sus preguntas eran sobre mi fe. Lo que más le interesaba era saber cómo me había convertido en "creyente". El viaje en tren terminó amigablemente, e incluso intercambiamos nuestras tarjetas profesionales. Mientras se iba, se dió la vuelta y dijo: "A propósito, la mejor parte de su argumento no es lo que piensa que Jesús puede hacer por mí, sino lo que Él ha hecho por usted".
En Juan 9, tal como sucedió en aquel tren, Dios nos recuerda que la mejor historia es la que conocemos íntimamente: nuestro propio encuentro con Jesucristo. Intenta contarles la historia de tu fe a seres queridos y amigos, para que puedas compartírsela claramente a otras personas.
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Las personas se enteran de las verdaderas historias de la fe cuando las oyen.
